Durante algún tiempo, en mis viajes, cada vez que dormía experimentaba distintas formas de comunicación con otras frecuencias. Algunas experiencias eran muy sutiles; otras, en cambio, tenían una intensidad y una claridad que permanecían conmigo incluso después de despertar.
Una de las primeras veces que experimenté una conexión de este tipo fue a través de una llamada telefónica.
La primera llamada
El teléfono comenzó a sonar.
Cuando contesté y dije: «Aló», escuché una voz que reconocí inmediatamente. Era una amiga de la familia que había fallecido hacía mucho tiempo.
Su voz estaba intacta. Era exactamente la misma voz que yo recordaba de cuando estaba viva.
Comenzó a hablarme sobre un familiar suyo que, según me decía, estaba atravesando algunos problemas. Al principio, la conversación parecía completamente normal. Yo escuchaba y hacía preguntas, intentando comprender lo que estaba sucediendo.
Hasta que hice una pregunta:
—¿Pero dónde estás?
En ese momento, la comunicación comenzó a cambiar.
La conversación se volvió borrosa. La voz perdió nitidez y la conexión comenzó a desaparecer, hasta que finalmente se cortó.
Entonces desperté.
Durante unos minutos permanecí intentando recordar cada detalle. La experiencia había sido demasiado clara para mí como para descartarla simplemente como un sueño.
Decidí contactar al familiar del que ella me había hablado.
Su respuesta fue inesperada.
Me dijo que no le extrañaba que ella hubiera hecho algo así, porque desde que había muerto también había experimentado formas de comunicación con ella.
Aquello fue significativo para mí.
No tenía una explicación, pero sí tenía una experiencia.
Y esa experiencia sería apenas el comienzo.
Una llamada desde Lyra
La segunda comunicación telefónica ocurrió en un escenario completamente diferente.
Esta vez me encontraba literalmente flotando en el universo.
No había suelo, no había habitación, no había nada conocido a mi alrededor. Era como estar suspendida en medio del espacio.
De repente apareció un teléfono enorme.
Entonces escuché la voz de un locutor que dijo:
—Bueno, ahora Juliana se va a comunicar con ustedes cantando.
Tomé la bocina del teléfono.
Y justo en ese instante, la experiencia terminó.
Desperté.
Esta experiencia llamó especialmente mi atención porque era la segunda vez que tenía contacto con la constelación de Lyra.
El teléfono volvía a aparecer como un elemento de conexión, como si fuera un instrumento capaz de establecer comunicación entre diferentes frecuencias.
La llamada de ayer
La experiencia más reciente fue diferente.
Me encontraba en una situación incómoda con otra persona. Los dos estábamos escondidos de la sociedad, como si tuviéramos que permanecer ocultos.
De repente, el teléfono comenzó a sonar.
Contesté.
Del otro lado había un hombre.
No recuerdo con exactitud todo lo que me dijo. Las palabras se han ido borrando, pero hay algo que sí recuerdo con absoluta claridad: la frecuencia de su presencia.
No sentí que aquella voz proviniera de un lugar de alta vibración.
Era una sensación energética muy definida.
A veces no necesitamos recordar cada palabra para reconocer la naturaleza de una presencia. Hay ocasiones en las que la percepción energética llega antes que cualquier explicación racional.
La conversación fue intensa.
Aunque hoy no puedo reproducir exactamente lo que hablamos, sí puedo recordar cómo se sentía aquella comunicación. Y para mí, esa sensación es tan importante como las palabras.
¿Por qué un teléfono?
Hay algo que se repite en estas experiencias y que cada vez me llama más la atención: el teléfono.
Una llamada desde alguien que ya no está físicamente aquí.
Un teléfono apareciendo en medio del universo durante una experiencia relacionada con Lyra.
Y después, una nueva llamada cuya energía se sentía completamente diferente.
No sé por qué la comunicación aparece de esta manera.
Pero cada experiencia me ha enseñado que una comunicación no siempre se percibe únicamente a través de las palabras. También puede sentirse a través de la energía, de la frecuencia y de la presencia de quien está al otro lado.
Y quizá esa sea precisamente la parte más interesante de estas llamadas: no siempre recuerdo lo que me dicen, pero muchas veces recuerdo perfectamente desde dónde se siente que viene la comunicación.
Tal vez el teléfono no sea simplemente un teléfono.
Tal vez sea un símbolo de conexión.
Una especie de puente entre frecuencias.
Y mientras estas experiencias continúen apareciendo, seguiré escuchando cuando suene.



