Hoy quiero hablar de algo muy importante.
Actualmente algunas personas llaman semillas estelares a quienes sienten que su alma no pertenece a este plano. Yo no sé si quiero llamarme así.
Lo que sí sé es que, durante una de mis experiencias, descubrí que yo había decidido venir a este plano terrenal y que mi alma no es de aquí.
Una noche, mientras dormía —en esos momentos de reposo en los que normalmente se me muestran cosas— tuve una experiencia muy particular.
Mientras en este plano terrenal mi descanso duró varias horas, en mi viaje todo ocurrió en cuestión de segundos.
Estaba en el universo.
A mi lado había una presencia. No sé quién era. No me permitió verla ni saber si era él o ella, pero sentía profundamente su presencia y me generaba un enorme respeto.
Simplemente estaba allí, acompañándome.
Las pequeñas luces
Entonces miré hacia abajo.
Frente a mí comenzó a aparecer una enorme espiral de pequeñas luces.
Las luces subían en espiral y aquella espiral pasaba frente a mí, ascendiendo hacia un lugar que no podía ver. Desde donde venían hasta donde iban, todo parecía infinito.
Eran muchísimas.
Algunas luces subían juntas, formando grupos. Otras ascendían solas.
Mientras las observaba, sentí algo que para mí fue imposible de comparar con cualquier emoción de este plano.
Sentí un amor inmenso.
Una felicidad profunda.
Y entonces ocurrió algo que cambiaría la manera en que comprendía mi propia existencia.
Uno de aquellos grupos de luces se acercó y yo decidí entrar en él.
No fue una imposición.
No fue alguien diciéndome que debía hacerlo.
Yo elegí entrar.
Y en ese instante desperté.
Me quedé reflexionando sobre lo que acababa de vivir y fue entonces cuando lo comprendí:
Había descubierto que yo había elegido venir.
No lo había sabido antes.
No era algo que simplemente hubiera sentido durante mi vida.
Fue algo que descubrí en aquella experiencia.
Una elección
Y esa diferencia es importante para mí.
No sé si quiero llamarme semilla estelar.
Tampoco sé si quiero llamarme exploradora del universo.
Quizás los nombres no sean lo importante.
Lo importante es lo que descubrí.
Que antes de estar aquí, hubo una elección.
Que entré voluntariamente en aquel grupo de luces.
Que vine a vivir esta experiencia terrenal con libre albedrío.
Y que aquel lugar infinito, lleno de luces y de amor, se sintió como un hogar al que algún día regresaré conscientemente.
Desde entonces, cuando pienso en mi vida, hay algo que cambió.
Quizás muchas veces creemos que estamos aquí porque simplemente nacimos.
Pero ¿y si nuestra llegada fue una elección?
¿Y si antes de comenzar nuestra historia en este mundo, ya habíamos elegido vivirla?



